Bienvenidos

"En lo alto de una pequeña colina llamada Incí, desde donde se divisa el pueblo de Hoblut, ...."
Así comienza esta historia; divertida, alegre, diferente, emocionante, alucinante ... Los Pegimun
Pronto podrás descubrir sus aventuras y disfrutar con ellos de ciento y una peripecias.















4 de diciembre de 2010

Desde su Balcón

Tras el accidente, su carácter había cambiado. Aquella chica alegre y extrovertida que era capaz de encandilar a cualquiera, se había convertido en un ser apagado y triste. Las conversaciones que mantenía con su familia eran escasas y la mayoría de las preguntas que le hacían eran contestadas con respuestas cerradas. Esas contestaciones, causaban el malestar en todos y  eran en ocasiones motivo de riñas y disputas entre ellos. Riñas a las que Lucia intentaba no entrar en  discusión, se limitaba a escuchar las exposiciones de unos y de otros, llegando a la  conclusión de que no tenían ni la más remota idea de sus sentimientos, de sus verdaderas preocupaciones, de sus propósitos, de sus sueños, de sus pesadillas, todo era para ellos desconocido; pero no solo ellos eran los culpables, también Lucia contribuía con tu tozudez y su silencio. 

Estaba aburrida de la vida que llevaba, ya ni con su deseado ordenador se entretenía. Las horas que pasaba en el balcón de su casa, servían  para dejar volar la imaginación, inventando historias sobre aquellas personas a las que veía a diario.

Desde su balcón observaba, que no sólo ella tenía una vida monótona,  la mayoría de la gente, todos los días hacia lo mismo. A la misma hora subía la señora del moño con las bolsas de la compra; la madre con los mellizos tirando con una mano del cochecito, y con la otra sujetando a otro pequeño que casi todos los días iba llorando ó gritando sin parar; las dos viejecitas que salían de la cafetería y se paraban antes de cruzan lloviera o no  y estaban un buen rato hablando frente al paso de peatones; el agente inmobiliario que acudía siempre con diferentes personas  a enseñar el  local que se alquilaba frente a su casa, las visitas al mismo eran diarias y a la vista estaba que, bien no era del agrado del posible inquilino, o bien, las condiciones eran exageradas, por lo tanto llevaba cerrado mas de un año; admiraba al  chaval alto, moreno y cachas que con su bolsa de deporte a cuestas entraba al gimnasio, y digo admiraba, porque para ella esos eran los dos mejores momentos del día, su entrada y su salida, algunas veces se agarraba a la barandilla e intentaba levantarse, cosa que no conseguía, sólo para poder mirarle durante mas tiempo mientras se alejaba; igualmente cada tarde, observaba desde el mismo lugar, como aquella mujer esperaba en compañía de su perro a un hombre, no había mucho que imaginar, seguramente seria su marido y ella salía a su encuentro. Aquel perro la encantaba, con curiosidad se preguntaba... ¿seria perro o perra?

Así era como la gente vivía fuera de su balcón. La diferencia era que si algún día todas aquellas personas cambiaban de planes, no tenían impedimento físico para hacerlo.  Sin embargo, ella,  cuando tenía que hacer algo distinto, poseía todo un  sequito para ayudarla, y no es que ese fuera su deseo, sino que, simplemente, todos los que la rodeaban consideraban que era necesario. Lucia en multitud de ocasiones le había pedido a su madre que no fuera así, sentía la necesidad de estar sola, no quería que nadie estuviera observando lo que hacia, se sentía inútil y espiada; pero que tontería,  ella los necesitaba y ellos lo sabían.

Aquel balcón para Lucia era todo su mundo, en ocasiones sentía conocer a todas aquellas personas que diariamente veía. Pero lo cierto era que no las conocía de nada, es más, todas esas personas desconocían la existencia de Lucia y eso era algo que debía de cambiar, pero ese cambio, sólo estaba en sus manos, nadie más que ella tenía la capacidad suficiente como para darle vuelta a su vida.   

Un domingo, mientras tomaba el café con su familia, les propuso un negocio. Alquilar el  local de enfrente. Todos se quedaron perplejos, ¿Cómo iban a consentir que la niña en su sillita de ruedas tuviera que trabajar? En un momento aquella cocina que albergaba desayunos sosegados, donde la conversación se limitaba a frases cortas y susurrantes, se convirtió en un gallinero donde todos opinaban a gritos. De repente Lucia, dando un golpe sobre la mesa,  levantó la voz todo lo que pudo colocándola por encima de la de los demás y les dijo:
- Voy  hacerlo, con vuestra ayuda o sin ella, con vuestro apoyo o sin el; no me voy a quedar sentada en esta silla mirando por el balcón toda mi vida. Voy a aprovechar mi tiempo. Voy a conocer y hacer que me conozcan; voy a respirar el aire contaminado que inspira todo el mundo, voy a salir de esta jaula que vosotros con todo el cariño habéis acomodado a mis necesidades; voy a luchar como lucha todo la gente, a ganar y a perder, a recibir alegrías y disgustos profesionales; voy a ser una persona, sólo una persona más de este mundo, y os repito, con o sin vuestra ayuda lo voy hacer.

Un mutismo sepulcral invadió la estancia, todos los ojos se posaron sobre Lucia, ella, desafió con su mirada a todos; levantó aún mas su cabeza; echó su silla hacia atrás para darse la vuelta y salió de la cocina percibiendo como todos aquellos ojos la seguían.

Durante un buen rato, el silencio se convirtió en dueño de la casa.  Su padre terminó el café, se levantó  lentamente y se dirigió hacia el balcón; arrastró una silla y la situó delante de Lucia, se sentó y dispuso su mirada hacia el mismo punto donde ella la tenía. Después de unos segundos, cogió la mano de la chica y la dijo:
 - Es duro para nosotros y tiene que ser muy duro para ti, verte un día tras otro aquí, sin hacer nada.  Nosotros solo pretendíamos que te sintieras protegida, pero, lo hemos hecho mal, ese no es tu carácter, tu no puedes estar aquí todo la vida, tienes razón, lo sabemos, y además, me encanta que hayas tomado esta decisión, siento que he recuperado a la Lucia de antes, aquella chica comprometida, trabajadora y tenaz, que con la perdida del movimiento de sus piernas también perdió la alegría y las ganas de luchar.  Tienes todo nuestro apoyo, tendrás toda la ayuda que necesites, recorreremos este nuevo camino de tu mano, seguiremos el paso que tú nos marques, porque estoy convencido que por fin, has reaccionado, has asumido tu minusvalía y vas a conseguir lo que te propones. Dime que negocio quieres y juntos lo desarrollaremos, aunque este es tu proyecto, y solo tú serás la responsable de todas las decisiones  que haya que tomar al respecto.

Lucia miró a su padre con los ojos llenos de lágrimas, la emoción la impedía hablar, respiro hondo, profundamente, apretó con fuerza la mano de su padre y tiro hacia ella su cuerpo, al tenerle cerca lo abrazó con ganas, lo besó en la mejilla y le susurro al oído:
- Gracias papá, por fin hablamos de lo mismo.

2 de diciembre de 2010

Mi SOLedad

 Abrió la ventana.  A su cabeza como un torbellino llegaron imágenes de su niñez. Cuantas veces bajó al mercado en busca de los encargos que le hacían y cuantas  subió corriendo  y volvió  a bajar para otra vecina.

Que triste su marcha aquel día. Llevaba besos guardados en su maleta y en la mano envueltas unas  rosquillas.

Cerró los ojos y se dejó caer sobre una silla. Notó en la piel el sol de su calle y respiró el olor penetrante del mar, igual que cuando era niña.

Su vieja y espigada calle había sido durante su ausencia, la fuerza que la mantuvo viva. Siempre presente la tuvo, Sol, de nombre, la puso a su  hija.  

Hoy, al doblar aquella esquina y ver aquel portal, no tuvo dudas, allí terminaría su vida, cerca del  mar que de ella la alejó y  recorriendo su Calle del Sol, de abajo a arriba.


Inspirado en la Calle del Sol (Santander)

8 de noviembre de 2010

Tarde de cine

  La tarde prometía, Mary salió de casa sin demasiada prisa, aún era pronto, mejor así: no tendría que correr y podía ir disfrutando del CD que  se acababa de bajar. Seguramente le iba a tocar esperar a Teresa a la puerta de la tienda, y cuanto menos tiempo estuviera parado  el auto en esa zona mejor.  Allí el estacionamiento y parada estaba prohibido y ya en alguna ocasión la policía la llamó al orden librándose de la multa por los pelos.

Sobre las ocho y cuarto se presentó delante del comercio, afortunadamente Teresa la esperaba ya, ésta, abrió apresuradamente la puerta y se subió en el coche.

Mientras se alejaban de allí, iban hablando sobre la película que verían, sobre los comentarios que habían escuchado y  las criticas que sobre la misma, habían leído en algún que otro periódico.
Mary aceleró un poco para pasar el semáforo en ámbar, pero el siguiente ya no pudo pasárselo, se había puesto en rojo y la obligó a parar.  Mientras esperaban el cambio a verde, sacó del bolso una pequeña cajita y le enseñó a su amiga una sortija que acababa del comprar en la nueva tienda de bisutería que habían  abierto en su barrio.

Las dos admiraban la pieza cuando, un revuelo en el exterior del vehículo las hizo volver la cabeza. Al momento y sin poder reaccionar, vieron aterrorizadas, como un chico ensangrentado se colaba en la parte del atrás de su coche,  colocando sobre el cuello de Mary una navaja y  a su vez,  dando unos gritos increíbles; sujetaba a Teresa con su otra mano con tal fuerza, que la chica notaba como sus dedos se clavaban en su brazo.  

Las dos  se miraban de reojo mientras contenían la respiración; su asaltante, continuaba dando gritos y obligándolas arrancar el coche. Mary no sabia hacia donde ir, estaba tan nerviosa que el coche se caló, lo que hizo que el intruso apretara aún mas la navaja sobre su cuello.

- Tira, tira, vámonos, venga – repetía sin parar el bravucón.
-  Pero… ¿Dónde vamos? ¿Qué quieres? Le decía Teresa, ya que Mary estaba a punto de quedar    paralizada por el miedo.
- “Palante”, venga¡¡¡¡¡

La muchacha aceleró lo más que pudo y salió a toda prisa del lugar, un segundo más que hubiera tardado  en arrancar y la policía podía haber entrado en el coche. Los agentes se quedaron en la misma puerta.  Pero la rápida salida del auto alejó la posibilidad de interceptar en vehículo.

Durante unos interminables minutos el auto circulaba a toda velocidad por la ciudad, los agentes les seguía muy de cerca, vigilando lo que pudiera pasar en el interior del coche. Un policía motorizado se posicionó a la izquierda del vehiculo. El agresor, soltó el brazo de Teresa y apartó el cuchillo del cuello de la conductora,  sin tiempo a relajarse las dos vieron como sacaba de alguna parte una pistola, sin pensarlo dos veces, apuntó al motorista y disparó; Mary perdió el control del coche, y a la vez notó como los cristales de la ventanilla se esparcían por el interior de vehiculo, notó un dolor agudo en su hombro, y al mirar hacia la derecha vio a Teresa como se agarraba donde podía, ella sujetaba el volante con fuerza pero era incapaz de mantener la dirección del coche; sin ser consciente, logró esquivar una farola, pero no pudo hacer lo mismo con un contenedor de vidrio. Aunque había conseguido frenar, el impacto las hizo golpearse con luna delantera, y encontrarse a su agresor, entre las dos, ya que había sido desplazado hacia delante.

Todo fue muy rápido, en un momento comenzaron a escuchar sirenas, y a sentir gritos a su alrededor, la policía les pedía que bajaran de coche mientras ellas, les indicaban que era él, el  culpable de todo aquello.

El chico mientras,  continuaba semiinconsciente,  los agentes intentaban sacarle del coche, pero  estaba encajado entre los asientos y les estaba costando bastante. La ambulancia ya estaba allí, los servicios médicos intentaban reanimar al muchacho que ya estaba tumbado en la camilla e inmovilizado.

Teresa y Mary, permanecían sentadas en el bordillo de la acera, bajo la atenta mirada de dos policías.

Con semblante serio  un hombre vestido de paisano de unos cuarenta y pico años, se acercaba a ellas, apenas llegó a donde las muchachas se encontraban y los dijo:
        Acompáñenme, y señalando el coche patrulla, las indicó que subieran en él.

Ellas asustadas,  repetían una y otra vez que no había hecho nada, qué ese hombre se había colado en su coche y las había amenazado, qué no tuvieron más remedio que hacerle caso.

Después de pasar dos horas en comisaría declarando sobre los hechos, consiguieron que  las dejaran llamar por teléfono, sus bolsos estaban en el coche, y no se les iban a entregar porque formaban parte del caso.

La sensación de desamparo se unió al miedo sufrido, durante ese tiempo les hicieron sentir culpables mas que víctimas de lo sucedido.
Una tarde que prometía agradable, se convirtió en una pesadilla cuyo final pudo ser peor, encima tenían que estar agradecidas. Todo se quedó en una anécdota que contar.

26 de octubre de 2010

"...Sueños son"

  Apagó la luz y tomó  postura. Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños,  se disponía a ir en busca del sueño.  Necesitaba dormir rápido, que la noche fuera corta para poder alcanzar antes el día, y volver a ver aquellos ojos que la habían dejado perpleja y aturdida durante toda la  jornada. Mientras, su cabeza, intentaba componer las imágenes del día, y a la vez, inventaba situaciones que la hubieran gustado vivir junto a él.
   Iban pasando los minutos; el sueño no aparecía.  Se revolvió en la cama intentando ver si del otro lado brotaría;  se estiraba y se encogía buscando la postura cómoda que la llevara hasta dar con el. Pero el sueño se resistía, le sentía cerca, notaba su presencia, pero no lo conseguía.  Ya no pensaba en otra cosa, quería dormir, deseaba atraparlo, dejarse llevar en su suave vaivén hasta el próximo día.

Nada: que no podía. Se levantó, se acercó a la cocina,  calentó un vaso con leche, se sentó sobre la mesa y tomó pequeños sorbos. Lentamente, saboreando el dulzor de la bebida blanca que recorría su garganta y calentaba su cuerpo a medida que descendía hasta su estómago, pensaba en aquel hombre que conoció, en la manera en que la miraba, en como la hablaba, en lo que mañana se pondría; algo sexy y elegante que le hiciera mirarla con disimulo; con picardía. 

Otra vez, otra vuelta, ahora boca arriba y con ojos abiertos, y otra vez las ideas rondando, imaginando las situaciones del nuevo día.

Así, sin darse cuenta, sus ojos cayeron como persianas y sus pensamientos se convirtieron en sueños o, quizás en pesadillas.  

Soñó que despertaba una  mañana clara, que se acercaba a  una ventana que abría,  que desde ella divisaba un paisaje verde coronado de un  cielo azul radiante, el más puro y radiante que nunca había contemplado. Sintió en su cara el aire fresco y respiró profunda y largamente inundando su pecho. Escuchó voces que desde abajo la llamaban invitándola a reunirse con ellos.
Bajó con un vestido blanco vaporoso  y una gran pamela, y sentada alrededor de una mesa, compartía charla y desayuno con personas que no conocía.

A su espalda notó una presencia y volvió la cabeza, era el, se aproximaba hacia donde estaban, decía su nombre,  en sus manos  un ramo de flores de mil colores.
Pero… ¿cómo podía ser?, acababa de conocerle, apenas había cruzado unas palabras con él en la reunión; ¿Cómo estaba allí?.  Se dirigía a ella, la abrazaba,  la besaba, la admiraba, la preguntaba… y ella encantada, le miraba, le besaba, le sonreia , le sentía suyo, le quería.

Cogidos de la mano, se acercaban a un coche y se subían en el, a la vez, se despedían de todas aquellas personas desconocidas.  Aunque ella,  como si fueran parte de su familia, como si estuviera acostumbrada a ver sus caras, a compartir con ellos la vida les iba dando detalles de cosas que no recordaba, conversaba con ellos, pero no recordaba que les decia.     

En la siguiente escena, con sus manos entrelazadas, recorrían lentamente la estrecha  carretera,  admirando un paisaje único, acompañados del  sonido de la música embriagadora  que  envolvía el espacio que compartían.  

De repente un giro brusco desplazó su cuerpo,   sintió  como iba a perder la vida. Volvió la cabeza y vio como él, desde arriba, la despedía con una sonrisa burlona. Ella volando sobre el acantilado, caía sin remedio.

Sobresaltada abrió los ojos, se incorporó y levantó la persiana.
Desde su ventana,  ante sus ojos pudo ver con agrado un cielo gris, ese cielo gris de casi todos los días, descubrir el mismo mar de cada mañana, hoy, de color verde revuelto, y difuminada entre las nubes, una luna llena que desaparecía.
Respiró hondo y recobró el aliento. Miró el reloj,  descubriendo con gusto que la noche, esa noche,  ya había dado paso al día.  

Sobre la cama, su compañero aún dormía.  
Se quedó mirándole y sonrió mientras pensaba que,  aquel desconocido, aquel hombre de grandes y zalameros ojos que conoció el día anterior,  no le iba a cambiar la vida.
Era aquel que reposaba, quien formaba parte de su vida, y  todo lo soñado, como dijo Calderón, “…sueños son”.

17 de octubre de 2010

Fin del Proyecto

¿Por qué tenia aquellas sensaciones esta mañana?  Estaba a punto de completar su gran apuesta y sin embargo el sentía que no iba a terminar.

Fueron mucha las horas que dedicó a aquel proyecto, muchas noches sin dormir pensando en como solucionar algún problema que iba surgiendo, pero al fin había llegado el día, se presentaría, en aquel gran edificio, subiría en el ascensor con la cabeza muy alta y expondría su trabajo. Era la oportunidad de su vida, su propuesta fue seleccionada entre cientos y ahora que sólo quedaban diez, no había excusas para echarlo a perder, tenia que hacerse con ello.

No podía olvidar lo que se le quedó en el camino, dejó escapar la posibilidad de viajar a otro país con su pareja, empezar una nueva vida con ella,  se había jugado mucho en aquello, tanto que incluso la había perdido.

No era ayer el día mas apropiado para que ella le diera la noticia, decirle de aquella manera que ya no quería continuar con la relación, le había partido un poco el corazón. Sentía pena y guardaba la esperanza de que ella recapacitara.

Repasó su portafolio, guardó su portátil, metió en el estuche sus lápices y bolígrafos, colocó sus gafas en el bolso. Y se dispuso a salir de casa.

Al cerrar la puerta, notó otra vez esa sensación; que era aquello, por su cuerpo le corría un escalofrío que le subía desde los pies hasta alcanzar su cabeza.  

Comenzó su recorrido intentando tal y como tenia pensado  no  ir recordando la exposición que tenia que hacer, la conocía perfectamente, no tenia porque equivocarse, había estudiado y ensayado todos y cada uno de gestos que debía hacer. En su intento por olvidarse de aquello, se paró frente a un escaparate y se intereso por la ropa que allí se mostraba. Al volverse se fijó en un letrero de venta de un piso y anotó el teléfono que figuraba en el mismo, mientras lo hacia sonó un mensaje en el teléfono móvil, una sonrisa apareció en su cara, seguramente seria ella para desearle suerte.
Continuó caminando mientras miraba en mensaje, levantó un momento la cabeza y miró de izquierda a derecha, se dispuso a pasar por el paso de peatones, distraído con el teléfono e intentando contestar, no fue consciente que la velocidad con la que se acercaba un vehiculo, cuando escuchó el frenazo del auto y miró a su derecha, no tuvo tiempo de reaccionar, no tuvo tiempo de nada, ni tan siquiera de sentir el impacto que le lanzó unos metros. Su cuerpo y su proyecto quedaron tendidos en la avenida.

Dibujando en los libros.

Aquí os dejo, los dibujos que hace Fernando Teran en los libros que leemos, todos ellos son representativos del contenido del libro, algunos como podéis ver son caricaturas de los escritores.
Esta es una pequeña muestra espero disfrutéis con ellos.

Pronto os presentaré a Los Pegimun, ¿Qué eso que es?  Ahhhhh seguro que os gustará, pero de momento....no están disponibles.
Gracias por visitar mi Blog

13 de octubre de 2010

Sensaciones

Después de este último incidente mi corazón me manda signos al mirarte que no me gustan, te observo sin querer que tú lo notes, estudio tus palabras, escasas últimamente, miro tus ojos con ternura con miedo y vuelvo a sentir. Creo que nuestra relación se ha resentido enormemente, tal vez no sea culpa de ninguno. Sigo a tu lado dando todo lo que tengo y ofreciendo lo mejor que puedo mi ayuda.
Tú no eres el mismo, lo sabes y creo que pretendes reconstruirte, que intentas volver a ser el de antes, pero hay algo que te impide conseguirlo. Me da miedo decirlo, mas miedo me da pensarlo, pero la tristeza de tus ojos son señal inequívoca de que mis pensamientos no son descabellados.

Creo que te has enamorado, que sabes que esa relación no estaba en tus planes. Creo que el amor que pudieras sentir hacia mi, se ha convertido en cariño, un cariño que te impide decir o hacer lo que realmente deseas.

Me doy cuenta sin quererlo de las respuestas que me das, de esas señales que en forma de mirada me mandas donde solo veo pena, no quiero ser para ti algo insoportable, me doy cuenta que no buscas la soledad conmigo, nuestros planes  son de compromiso, no te ilusiona nada conmigo. Pero no te culpo, hay razones que el corazón esconde y la razón no entiende.

Pero eso yo no lo quiero, yo quiero que seas feliz, que vuelvas a ser el de antes, que te rías al lado de la persona que quieres, que hagas planes y vivas, que disfrutes del tiempo junto al ser que quieres. Todo eso es lo que yo quiero. Que no es ni más ni menos que lo que quieres tú.

Es muy posible que yo no sea esa persona, la que te de el calor y el amor que tu necesitas, la que te ofrezca la felicidad cuando mires sus ojos, la que sepa lo que estas pensando solo con mirarte, porque todo eso es estar enamorado, eso y otras muchas cosas.

Necesito recuperar un amigo, encontrarme otra vez con aquella persona con la que he compartido mi vida durante los últimos años, el cómplice que se me ha ido a compartir secretos con otra persona. Según me dijo, seguramente te cerraras en ti mismo y no me contarías cosas que merezco saber, y Dios, como me dolió ver hasta donde has compartido.

No es necesario que te esfuerces en recuperar algo que hayas perdido, el amor sale por la ventana solo con abrirla un instante y el tiempo pasa y pasan las penas y aunque me duela el alma, pasará dejando en el recuerdo años de felicidad compartida.

Si tu corazón se resiste, no le culpes. Si tus pensamientos te atormentan no los deseches, la vida dura un ratito y seria cruel que la tengas que compartir con quien no quieres.

Cierra los ojos, piensa en ti, sólo en ti, y pon a tu lado a las personas que te hacen feliz. Seguramente vas a encontrar lo que buscas. Esa es la respuesta, la tienes tan cerca de ti que seguramente no te has dado cuenta. Pero vuelvo a decirte lo mismo, no por cariño o por costumbre hay que cargar con la vida que uno me quiere. Piensa en el amor, en ese amor que es tan importante para la vida, en ese amor que tienes para dar.

Con esto solo pretendo que sepas lo que pienso, porque te noto triste y lejos, que sepas que aunque tu no quieras yo te quiero, que sepas que las cosas cambian, que sepas que por eso no pasa nada. Que sepas que para mi es muy importante tu felicidad aunque el precio sea tan alto, que para mi es inaccesible. No tengas miedo, sigue lo que tu corazón te diga. Sin miedo.

Somos adultos, somos responsables de nuestros actos, sabes que pienso que cuando has buscado la compañía lejos de mi es por algo, al igual que buscaste la mía en otro momento. El amor no es eterno, no dejes que nada te haga perder el tren de la felicidad aunque el destino de ese tren, te lleve lejos de mí.

Y bien, esto es lo que siento. Ojala este equivocada,… porque te quiero.

6 de octubre de 2010

Pensamiento entre conversación

¡Vaya idea salir un día como hoy!  No solo salir, tomar una caña y en una terrazuca; ¡pero si llueve a mares! además, el rollo que me esta metiendo. Mira que llevo tiempo intentando retrasar esta cita pero ya no me quedaba mas remedio. ¡Qué pesado es este hombre! todo el día con sus rollos.

Además, podía contar algo mas interesante, por ejemplo lo que le pasó a su cuñada cuando estuvo en Benidorm; eso bien se lo calla, vaya pájaro esta echo, voy a tentarle… a ver si entra.

Que va, no hay forma. Si piensa que no me enteré, esta listo, como si fuera un secreto. Igual piensa que yo voy a tragar como ella, ¡va arreglao! pues no tengo yo escuela.

Visto lo visto, creo que ha llegado el momento de levantar el campamento; ¡estoy empapada! me quedé fuera para estar poco pero nada, ni por esas. 

18 de septiembre de 2010

La soledad de Julia

Subió tan deprisa las escaleras que el aire la faltaba. No estaba acostumbrada a correr y además, los nervios se iban apoderando de ella según se acercada a su destino

Revolvió hasta encontrar las llaves en su bolso. Su tía se las había entregado hacia muchos años, pero esa iba a ser la primera vez que las utilizaba. Nunca la gustó abrir la puerta sabiendo que ella estaba dentro, prefería llamar al timbre y esperar, hasta escuchar la voz melodiosa y dulce de la anciana preguntando… ¿quien es?. Recordó en aquel momento que las  cogió, debido su  insistencia,  -por si me pasa… algo mujer, cojéelas- le había dicho.  Abrió la puerta, y, en ese momento, supo que algo malo estaba pasando allí, un olor desagradable, se respiraba por todo el piso.

Caminaba con cautela por las diferentes estancias de la casa y a la vez llamaba a su tía insistentemente, por momentos el miedo se apoderaba de ella, la situación se la estaba haciendo dolorosa, segundo a segundo sus peores presagios iban haciéndose más latentes.

Frente a ella, al fondo del pasillo, vio una puerta cerrada, era la habitación de Julia, dio unos pasos mas, agarro con fuerza y temor la manecilla y… abrió. El espectáculo era totalmente desolador, sobre una cama adornada con un cabecero de barrotes plateados, yacía un anciano al que no conocía, sobre él y  rodeada con su brazo estaba Julia.

Apenas tuvo tiempo de acercarse para comprobar si su tía respiraba cuando comenzó a oír el murmullo de las personas que la precedían, el 061 ya había llegado y apartándola hacia un lado, examinaron a la anciana que aún respiraba. En un abrir y cerrar de ojos salieron con ella a toda prisa escaleras abajo. El hombre estaba muerto, tal y como ella intuyó al abrir la puerta de aquella habitación.

Después de un buen rato de espera, la auxiliar de urgencias la acompañó hasta el Box donde estaba su tía. Al acercarse a ella, la apretó la mano y la besó en la frente, ésta conectada a un sinfín de aparatos parecía dormida.

Según notó la presencia de la joven, Julia abrió los ojos e intentó levantarse la mascarilla que tenia sobre la boca. Los ojos de la anciana se clavaron en los de Isabel.  

- Se acabó – susurro casi sin aliento.
- No digas eso tía, verás que pronto nos vamos a casa a tomar un cafetito.
- No hija, eso no va a ser, ya no me queda mucho tiempo.
- Dime tía, ¿Quién era ese hombre?, ¿Qué hacia contigo en casa? ¿Qué pasa? , ¿Te hizo daño? Qué…?

Julia con un gesto hizo callar a la chica y, tirando de su mano la invitó acercarse más a ella. Apenas sin voz, la dijo:

-  Hay poco que contar. El formaba parte de mi vida, desde hace unos meses vivía conmigo, compartíamos la vida, nos hacíamos compañía.

- Pero, yo nunca le vi, no lo sabia.
- Nunca le viste, porque yo no quise, porque no quería compartir esa parte de mi vida. Me llegó muy tarde, si, demasiado tarde, pero ha sido tan fuerte el cariño, tan intensos los días, tan grande  la ilusión que… no quería, no quería compartir con nadie mi alegría, no quería tener que escuchar reproches, tener que ver malas caras, tener que aguantar tonterías. Era… mi vida.

- ¡Pero tía!
- Escucha niña, escucha.
Una tarde, coincidimos en el parque, su cara se me hizo conocida, comenzamos hablar y en cuanto escuché su voz recordé. Gustavo, que así se llamaba, fue un antiguo compañero de colegio, hacia muchísimos años que no le veía. Me contó, que estuvo viviendo en otra ciudad hasta que por una serie de acontecimientos, decidió volver a su provincia. Me contó muchas cosas de su vida, vivía en la calle desde hacía dos años, los motivos no  tengo fuerzas para contártelos. En el parque nos vimos durante semanas, yo le llevaba algo de comer, un bocadillo, un poco de fruta; al principio lo hice por pena, pero con el paso de los días mi corazón empezó a sentir algo por el, y un día, viendo que el invierno se acercaba, pensando en el frío que iba a tener que soportar, se me ocurrió llevarle conmigo a casa. El no quiso de entrada aceptar mi ofrecimiento pero yo insistí. De eso hace ahora tres meses.
Claro que tus no sabias nada, cuando te fuiste, él aún no estaba en casa, y cuando llamabas no me atrevía a decírtelo, sabía que no ibas a entender la situación, por eso esperaba tu llegada para contártelo.

La anciana cerró los ojos e inspiró, parecía querer coger impulso para continuar pero, su expiración fue profunda y definitiva.

Isabel, cogió su mano y la apretó con fuerza. -No te juzgo porque te quiero, no soy nadie para hacerlo. La soledad es una pesada roca que se asienta sobre nosotros hasta que nos inmoviliza, tu solo encontraste ese punto de apoyo necesario para levantarla, seguramente mereció la pena. Te envidio tía. 

14 de septiembre de 2010

Solo respuestas

Cúal es el día más bello   HOY
Cúal es la cosa más fácil  EQUIVOCARSE
Cúal es el obstáculo más grande   EL MIEDO
Cúal es el mayor error   ABANDONARSE 
Cúal es la raiz de todos los males    EL EGOISMO
Cúal es la primera necesidad   COMUNICARSE
Cúal es el misterio mas grande   LA MUERTE
Cúal es el peor defecto  EL MAL HUMOR
Cuál es el regalo mas bello  EL PERDON
Cuál es lo mas imprescindible  EL HOGAR
Cuál es la persona mas peligrosa  LA MENTIROSA
Cuál es el sentimiento mas ruin   EL RENCOR
Cuál es la sensación mas grande  LA PAZ INTERIOR
Cuál es la cosa mas bella de todas  EL AMOR